Russia

OCCIDENTE Y SU DESAFÍO

La última metamorfosis de Occidente durante su transformación hacia la posmodernidad, que hemos descrito anteriormente, es una construcción puramente teórica. Tal imagen fue elaborada al inicio de la década de 1990, por lo que la lógica de la historia del mundo fue conceptualizada por tanto por aquellos pensadores que aún se conservan en Occidente, antes de que se ceda finalmente el camino a la poshumanidad (posiblemente a autómatas pensantes). Pero entre esta concepción teórica y su encarnación había una brecha decisiva. La reflexión sobre la naturaleza y la estructura de tal Occidente y de tal posmodernidad condujeron incluso a sus propios ardientes apologistas a un estado de horror y desesperación. Por ejemplo, en cierto momento Francis Fukuyama comenzó a regresar de esa imagen ideológica que él mismo dibujó al inicio de la década de 1990 y se ofreció a devolverla, manteniendo a Occidente en la condición en que se encontraba antes de que hubiera llegado a su estación final. Los críticos de Fukuyama, incluido Huntington, también exageraron la calidad y la cantidad de esas barreras a superar por Occidente con el fin de convertirse en verdaderamente global y ubicuo. Desde diferentes puntos de vista todo el mundo empezó a aferrarse a los restos de la modernidad, con sus gobiernos nacionales, la fe en el progreso, sus moralizaciones, tutelaje y fobias, a las que todos hace mucho tiempo se han acostumbrado. Entonces se decidió prolongar el movimiento al objetivo previsto, o al menos simular el balanceo de los vagones y el estruendo de las ruedas en las ensambladuras de los raíles.

Hoy, Occidente mora precisamente en esta brecha entre eso en lo que teóricamente debe convertirse en la época de la globalización, y por el hecho de haber superado todos los obstáculos y derrotado a todas las alternativas, y lo que de ninguna manera quiere reconocer como la nueva arquitectura global de la posmodernidad - con un agujero en vez de un centro. Sin embargo, en este vacío, infinitamente pequeño y en contracción constante, ocurren procesos muy importantes que constantemente cambian la imagen del mundo en general.

La guerra en el Donbass nos es impuesta por Washington y Kiev

El tema de la “Primavera rusa” es mi dolor directo y vivo. No puedo hablar de ello con calma. No se trata sólo de la pérdida de seres queridos, es un profundo golpe en el centro mismo de aquellas expectativas que yo tenía con respecto a Novorossia y al renacimiento de Rusia, su espíritu y su identidad. El asunto en cuestión es el resurgimiento de Rusia.

Durante mucho tiempo no pude hablar sobre temas de este tipo, me abstuve de hacer comentarios y rehuí las evaluaciones debido al profundo trauma que experimenté como uno de los primeros entusiastas del renacimiento de la Gran Rusia, a partir de la guerra de Crimea, y luego a través de Novorossia, etcétera. Ahora no es un trauma, pero, al menos, es una herida cuya gravedad está sanando.

Después de haber dado esta introducción, me gustaría hacer un análisis de cómo veo la situación.

Rusia no es la Federación Rusa. Rusia es el mundo ruso, una civilización, uno de los polos de un mundo multipolar que nosotros deberíamos ser y que estamos obligados a llegar a ser.

La historia de Rusia es como el latido del corazón. Nuestro corazón ruso se contrae y se expande.

Se contrajo después del colapso de la URSS y nuestro territorio se redujo como sucede a menudo en la historia, como, por ejemplo, en 1917, pero cada vez nuestras fronteras se amplían de nuevo.

 

Una nación, etnias diferentes

Putin ha hablado este verano sobre la necesidad de distinguir entre naciones y grupos étnicos. La nación es una sola, como único es el estado, mientras que los grupos étnicos son diversos. En este punto es muy importante no permitir ni el nacionalismo separatista de los grupos minoritarios, ni el nacionalismo de los pueblos más grandes. Los modelos nacionalistas son incompatibles con la naturaleza euroasiática de nuestra sociedad. Si queremos preservar, fortalecer y ampliar nuestra esfera de influencia, debemos ser euroasiáticos y basar nuestra política en esta filosofía.

Esto es todo lo que Putin anunció, este es el proyecto que ha comenzado a concretar. Creo que en un corto período de tiempo va a ser necesario modificar nuestro sistema político, cambiar el equilibrio de poder entre el centro y las regiones, y el discurso en dos direcciones simultáneamente: la eliminación de conceptos tales como la república nacional dentro de Rusia y al mismo tiempo ampliar el poder de los grupos étnicos, una política deliberada para el fortalecimiento y la renovación de la lengua y de las comunidades religiosas. Se trata de un equilibrio dual.

Putin, una bandera para la liberación europea

Vladimir Putin es el líder más europeo entre los otros jefes de Estado europeos. ¿Por qué? Porque sólo él ve a Europa como una potencia libre, independiente y soberana. Así Putin – como Jean Thiriart y Jean Parvulesco – está convencido de que Europa será grande sólo si sus límites se extienden desde Lisboa a Vladivostok. Putin entiende como ningún otro que para este proyecto hay un obstáculo esencial – el mundo anglosajón, la hegemonía de los Estados Unidos, el mundo talasocrático. Todas las guerras entre estados europeos eran esencialmente guerras civiles en el contexto de la común civilización indoeuropea – con raíces comunes, con un patrimonio común, que se remonta a Grecia y a Roma. Sólo el imperio comercial marítimo británico era una desviación, que hizo revivir el espíritu de la civilización semítica de Cartago. En un duelo de Roma contra Cartago, Putin claramente está del lado de Roma, porque Moscú es la tercera Roma. Es por esto que él es el principal oponente de la hegemonía estadounidense y la oligarquía financiera mundial, defendiendo no sólo los intereses de Rusia, sino también a los intereses de Europa.

El águila bicéfala, el arcano imperial y la Tercera Roma

Occidente, monstruo enfermo que goza de buena salud, merece morir. Desencantado y cínico, esta parte del mundo nos encuentra errantes y sin justificación. A fin de cuentas, ¿quienes somos nosotros para dar lecciones de moral y buenas costumbres? 

Autoproclamados como el “Imperio del Bien”, nuestra bondad bien merece un bostezo cuando no un vómito.

Desprovistos de dioses y destino, ya no hay misión que nos conmueva. Ninguna conquista podrá ya saciar nuestras naderías, y ello porque carecemos de absoluto. Difícil tarea le toca al Occidente atlantófilo, al querer jugar al imperialismo careciendo de horizontes metafísicos contra zares de fuste.

Una nación, etnias diferentes

Los pasos que Vladimir Putin ha dado desde la publicación de su artículo programático sobre la Unión Euroasiática en “Izevstia”, demuestran que no se trata simplemente de una declaración aislada. No obstante, tanto sobre una integración del espacio post-soviético, como respecto a la posibilidad de llevarla a cabo prioritariamente en relación con la CEI, el tema ya ha sido ampliamente tratado por el mismo Putin y por otras figuras políticas.

Que no se trata simplemente de una abstracción, es algo visible desde los primeros pasos concretos tendentes al establecimiento de una unión aduanera, en la creación de una zona de libre comercio en la CEI y en otras acciones: esto demuestra que estamos frente a un proyecto con estrategias y programas.

La Unión Euroasiática no es sólo una iniciativa económica, aunque Putin insiste en la economía. Pero si sólo se trataba de economía, entonces ¿por qué no limitarse a un formato “euro”, la Comunidad Económica Euroasiática –CES-, un espacio económico común o una unión aduanera? ¡No! Putin dijo que la Unión Euroasiática es otra cosa. Es una estrategia política real. Y vemos cómo Putin se está esforzando en ponerla en práctica.

La dinámica ideológica en Rusia y los cambios del curso de su política exterior

Es evidente que la politica exterior rusa actualmente no es algo constante y definido. Al contrario deviene a veces totalmente imprevisible y puede cambiar su logica y su curso rapidamente. Esta predisposicion a los cambios rapidos del curso tiene otra naturaleza que la dinamica normal del desarollo de la politica exterior en otros paices. La Rusia pasa ahora por el periodo de la transicion del sistema sovietica hacia otra forma del Estado cuyos rasgos no necesariamente seran identicos al modelo democratico comun y comparable a los regimenes occidentales basados sobre los prinicipios liberales. Se puede decir que en Rusia actual coexisten tres paradigmas ideologicos quienes se sobreponen los unos a los otros de tal manera que el momento actual del estado ideologico (y por consecuencia politico) depende cada vez del raporto y de la proporcion de estos tres factores. Evidentamente, la politica exterior hace parte de la politica nacional en el contexto mas grande y por esta razon su curso depende directamente de este “momento ideologico” ya mencianado. Por consecuencia para la comprehension correcte de la politica exterior rusa y para la interpretacion adecuada de su logica es necesario de darse cuenta de la situacion ideologica mas amplia en la Rusia actual.

EL BARON SANGUINARIO

En 1912 Roman Fedorovic está en Europa.  Al estallido del conflicto, deja París para unirse bajo los estandartes del Zar, con el Barón va una muchacha llamada Daniela, quien perecerá en un naufragio en el Mar Báltico.  En 1915 combate en Galicia y en Volinia, reportando cuatro heridas y ganando dos de las más altas condecoraciones: la Cruz de San Jorge y la Espada de Honor.  En 1916 está sobre el frente armenio, donde se rencuentra con el atamán (jefe cosaco) Semenov, a quién había conocido en Mongolia.  En agosto de 1917, partió después a Reval para organizar algunos destacamentos Buriatos y utilizarlos contra los bolcheviques, Ungern alcanza a Semenov en Transbaikalia; aquí se convierte en el Jefe de Estado Mayor del primer ejército "blanco" y organiza una División Asiática de Caballería (Aziatskaja konaja divizija) en la que confluyen mongoles, buriatos, rusos, cosacos, caucásicos, también tibetanos, coreanos, japoneses y chinos.  La División Asiática de Caballería opera por todo el año de 1918 en los territorios orientales de la Siberia, entre el Baikal y la Manchuria.

 

Modernización sin occidentalización

En su famoso libro “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial” Samuel Huntington hace mención a la llamada “modernización sin occidentalización”, esto es la descripción de aquella actitud hacia los problemas del desarrollo socio-económico y tecnológico que afectan habitualmente a los denominados países del Tercer Mundo que sostienen la necesidad objetiva de desarrollar y perfeccionar sus instrumentos técnicos y los acuerdos políticos y económicos de sus sistemas sociales, mientras se niegan a seguir ciegamente al occidente atlantista y, por el contrario, tienden a poner los avances tecnológicos occidentales al servicio de sus valores nacionales.

Muchas de las élites “orientales” han recibido educación “occidental” regresando a su país de origen con una serie de importantes conocimientos técnicos y metodológicos que han aplicado para fortalecer el poder de sus propios sistemas nacionales. Así, en lugar de la esperada “convergencia” civilizatoria que sostienen los optimistas liberales, está en marcha el armado gubernamental de regímenes más bien “tradicionales” que tienen a su disposición las últimas tecnologías, lo que tiene por efecto la agudización de la confrontación (civilizatoria) por mantener a resguardo el control tecnológico o, por lo menos, por mantener una brecha técnica prudencial. Un ejemplo de este camino lo constituye el filósofo iraní Ali Shariati, importante teórico de la revolución islámica iraní.

METAFÍSICA DEL NACIONAL-BOLCHEVISMO

El término "Nacional-Bolchevismo" puede indicar imágenes muy diversas. En sí, emergió en Alemania y en Rusia para reflejar la intuición, por parte de algunos teóricos políticos, del carácter nacional de la Revolución bolchevique de 1917, carácter oculto a la fraseología del marxismo internacionalista ortodoxo. En el contexto ruso, "nacional-bolchevique" fue la denominación habitual de aquellos comunistas orientados hacia la conservación del Estado y (consciente o inconscientemente) continuadores de la línea geopolítica de la misión de la Gran-Rusia. Pero "nacional-bolcheviques" rusos se encuentran tanto entre los blancos (Ustrialov, los "smeno-vekhovisij", los euroasiáticos de izquierda) como entre los rojos (Lenin, Stalin, Radek, Lezhnev, etc.) (1). En Alemania el fenómeno análogo se asoció a las formas de nacionalismo de extrema izquierda de los años 20 y 30 del siglo XX, en cuyos ambientes se daba una combinación de ideas socialistas no-ortodoxas, ideas nacionalistas y actitudes positivas a un entendimiento con la Unión Soviética. Entre los nacional-bolcheviques alemanes, el más coherente y radical fue sin duda Ernst Niekisch; pero en este movimiento también encontramos personajes destacados de la Revolución Conservadora alemana, como Ernst Jünger, Ernst von Salomon, August Winnig, Karl Otto-Paetel, Harro Schulzen-Beysen, Hans Zehrer, así como miembros del Partido Comunista, como Laufenberg e Wolfheim, pero también figuras espontáneas del ala izquierda del NSDAP, como Otto Strasser y Joseph Goebbels.