Eurasianism

¿Qué es el Eurasismo? Una conversación de Alain de Benoist con Alexander Dugin

La Cuarta Teoría Política no es una invitación a un retorno a la sociedad tradicional, es decir, no es el conservadurismo en el sentido convencional. Hay muchas características de nuestro pasado cronológico que son agradables y muchas que no lo son. Del mismo modo, las formas tradicionales de sociedad también son distintas unas de las otras. Por último, en las diferentes sociedades contemporáneas, las matrices étnicas y sociológicas, así como los contextos, también son diferentes unos de los otros. Por lo tanto, la Cuarta Teoría Política no debería imponer nada a nadie. Los partidarios de la Cuarta Teoría Política deben actuar paso a paso: la primera y más importante etapa es sostener el Dasein como el sujeto de nuestra teoría y la reversibilidad del tiempo. De esta manera, nos liberaríamos para el desarrollo de los preconceptos. Nosotros podemos definir varios preconceptos con respecto a la reversibilidad del tiempo y del Dasein/Traiectum, por lo tanto podemos definir varios conceptos políticos del tiempo. Y cada uno de ellos puede situarse en un proyecto político actual, de acuerdo con los principios de la Cuarta Teoría Política.  

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El paradigma del Fin

El análisis de las civilizaciones y sus relaciones, confrontaciones, desarrollo e interconexiones es un problema tan complejo que se pueden obtener resultados no simplemente diferentes, sino totalmente opuestos dependiendo de la metodología y del nivel de la investigación. Por lo tanto, con el fin de obtener incluso las conclusiones más aproximadas, es necesario aplicar una reducción que aporte una serie de criterios a un único modelo simplificado. El marxismo prefiere de forma inequívoca el enfoque económico, que se convierte en un sustituto y en el denominador común para todas las otras disciplinas. El liberalismo, en esencia, aunque menos explícitamente, también lo hace.

Un método cualitativamente diferente de reducción es el ofrecido por la geopolítica que, aunque menos conocido y menos popular es, sin embargo, no menos eficaz o ilustrativo para explicar la historia de las civilizaciones.

Varias formas de enfoque étnico, incluyendo en el extremo final "la teoría racial", ofrecen otra versión de reduccionismo. Por último, las religiones también ofrecen su propio modelo reduccionista de la historia de las civilizaciones. Estos cuatro modelos representan las rutas más populares de generalización y, aunque existen otros métodos, es poco probable que rivalicen con estos en términos de grado de claridad o sencillez.

La idea de Eurasia. El eurasianismo como camino hacia una multipolaridad real

El Estado-nación de hoy se está transformando en un estado global; estamos frente a la constitución de sistemas de gobiernos planetarios dentro de un sistema económico y administrativo único. Creer que todas las naciones, clases sociales, y modelos económicos pueden súbitamente comenzar a cooperar con la base de esta nueva lógica mundial es un error. La globalización es unidimensional, un fenómeno univectorial que trata de universalizar el punto de vista occidental (anglosajón, norteamericano) acerca de la mejor manera de manejar la historia humana. Es (muy a menudo relacionada con la represión y la violencia) la unificación de las diferentes estructuras socio-políticas, étnicas, religiosas y nacionales, en un solo sistema. Es una tendencia histórica occidental y europea que ha alcanzado su punto máximo durante la dominación de los Estados Unidos.

Duguin: profeta de Eurasia

Alexander Duguin (Moscú, 1952) se ha transformado hoy en el más significativo geopolitólogo ruso. Inscripto en la ideología nacional bolchevique del estilo de Ernst Nietkisch sostiene un socialismo de los narodi. Esto es, un socialismo de los pueblos, despojado de todas las taras modernas como su materialismo, su ateísmo y su ilustración.

Su teoría geopolítica es la construcción de un gran espacio euroasiático con centralidad en Rusia.

En este libro que comentamos, traducción al portugués de Against the west (2012), se va a ocupar en primer lugar de qué entiende por Occidente, que a partir del nacimiento de la modernidad, pasando por sus distintas etapas – Renacimiento, Nuevo Mundo, Reforma, Revolución francesa, Revolución bolchevique, Transformación tecnológica, Globalización – se ha ido transformando en el criterio normativo del mundo. 

Una nación, etnias diferentes

Putin ha hablado este verano sobre la necesidad de distinguir entre naciones y grupos étnicos. La nación es una sola, como único es el estado, mientras que los grupos étnicos son diversos. En este punto es muy importante no permitir ni el nacionalismo separatista de los grupos minoritarios, ni el nacionalismo de los pueblos más grandes. Los modelos nacionalistas son incompatibles con la naturaleza euroasiática de nuestra sociedad. Si queremos preservar, fortalecer y ampliar nuestra esfera de influencia, debemos ser euroasiáticos y basar nuestra política en esta filosofía.

Esto es todo lo que Putin anunció, este es el proyecto que ha comenzado a concretar. Creo que en un corto período de tiempo va a ser necesario modificar nuestro sistema político, cambiar el equilibrio de poder entre el centro y las regiones, y el discurso en dos direcciones simultáneamente: la eliminación de conceptos tales como la república nacional dentro de Rusia y al mismo tiempo ampliar el poder de los grupos étnicos, una política deliberada para el fortalecimiento y la renovación de la lengua y de las comunidades religiosas. Se trata de un equilibrio dual.

La geopolítica de Rusia, por Aleksandr Duguin

La presente obra resulta del todo novedosa en España por la naturaleza e idiosincrasia de la misma, que no es una «historia de Rusia» al uso, sino que profundiza a nivel teórico y metodológico en muchos aspectos de la historia rusa del último siglo en clave geopolítica, y además constituye una publicación inédita de su autor en lengua castellana. Aleksandr Duguin, cuya amplia trayectoria intelectual y militante en multitud de movimientos patrióticos y avalado por su gran actividad en la difusión de ideas mediante múltiples publicaciones, se ha convertido en los últimos años en el centro de múltiples polémicas que han generado posiciones encontradas en torno a su figura. Solamente deberíamos contextualizar su obra dentro de los últimos acontecimientos mundiales, su decidida oposición al liberalismo —al que señala como el gran enemigo del mundo— y los planteamientos multipolares que defiende, o el conflicto, todavía hoy muy vivo, que vivimos en Ucrania y donde concurren muchos factores y variables, todos ellos de una enorme complejidad. Sin lugar a dudas Aleksandr Duguin es una figura de indudable talla a nivel mundial, con una obra y unos conocimientos vastos y eruditos que le convierten en un autor sobradamente cualificado en el contexto de las problemáticas que aborda la obra que presentamos.

Putin, una bandera para la liberación europea

Vladimir Putin es el líder más europeo entre los otros jefes de Estado europeos. ¿Por qué? Porque sólo él ve a Europa como una potencia libre, independiente y soberana. Así Putin – como Jean Thiriart y Jean Parvulesco – está convencido de que Europa será grande sólo si sus límites se extienden desde Lisboa a Vladivostok. Putin entiende como ningún otro que para este proyecto hay un obstáculo esencial – el mundo anglosajón, la hegemonía de los Estados Unidos, el mundo talasocrático. Todas las guerras entre estados europeos eran esencialmente guerras civiles en el contexto de la común civilización indoeuropea – con raíces comunes, con un patrimonio común, que se remonta a Grecia y a Roma. Sólo el imperio comercial marítimo británico era una desviación, que hizo revivir el espíritu de la civilización semítica de Cartago. En un duelo de Roma contra Cartago, Putin claramente está del lado de Roma, porque Moscú es la tercera Roma. Es por esto que él es el principal oponente de la hegemonía estadounidense y la oligarquía financiera mundial, defendiendo no sólo los intereses de Rusia, sino también a los intereses de Europa.

De Geografía Sagrada a Geopolítica

Los conceptos geopolíticos se convirtieron en los principales factores de la política moderna desde hace mucho tiempo. Los mismos se basan en los principios generales que permiten analizar fácilmente la situación de cualquier país y región en particular.

La geopolítica en su forma actual es, sin duda, una ciencia mundana, “profana”, secularizada. Pero, tal vez, entre todas las ciencias modernas es la que guarda en sí misma la mayor conexión con la Tradición y las ciencias tradicionales. René Guénon dijo que la química moderna es el resultado de la desacralización de una ciencia tradicional, la alquimia, como la física moderna lo es de la de la magia. Exactamente de la misma manera se podría decir que la geopolítica moderna es el producto de la secularización y la desacralización de otra ciencia tradicional, la geografía sagrada. Pero desde que la geopolítica ocupa un lugar especial entre las ciencias modernas, a menudo es considerada como una “pseudociencia”, su profanación no está tan consumada ni es tan irreversible como en el caso de la química o la física. Aquí, la conexión con la geografía sagrada es más bien claramente visible. Por lo tanto, es posible decir que la geopolítica se encuentra en un lugar intermedio entre la ciencia tradicional (la geografía sagrada) y la ciencia profana.

 

Tradición e Islam

El Islam está conectado directamente a la Tradición. Es un hecho indiscutible. Y este hecho debe ser reconocido por los tradicionalistas. El Islam está activo y en favor de una sociedad tradicional. Esto debe ser apoyado. Pero el Islam no representa la tradición sólo él. La tradición puede [también] ser no-islámica. Si los musulmanes aceptan eso y aceptan los términos de la multipolaridad, entonces un diálogo activo y una cooperación estrecha, incluso en el ámbito militar, deben ser alentados para oponerse al mundo posmoderno y alAnticristo/Dajjal. Si nos enfrentamos a una versión protestante contemporánea innovadora y comprometida del universalismo y del exclusivismo, bajo la máscara de la defensa del “Islam puro”, habrá que hacer un esfuerzo prudente y serio para deshacer este nudo geopolítico y metafísico, para reanudar el hilo de una manera u otra. La islamofobia es un mal, pero un mal puede ser también la actividad en favor de la “islamización” [y] que se presenta bajo la bandera del “Islam puro”. Cada uno debería seguir su tradición. Si no lo logramos, entonces la culpa debe ser puesta sobre nosotros, no sobre la Tradición. A un nivel puramente individual la elección es posible, pero ver a los rusos convertirse en masa al Islam me repugna, porque buscan el poder fuera de sí mismos y de su tradición y son por lo tanto enfermos, débiles y cobardes.

Huntington, Fukuyama y el Eurasismo

Los choques entre civilizaciones son casi inevitables, pero nuestra labor debe consistir en reorientar la hostilidad, que no va a dejar de crecer, contra los Estados Unidos y la civilización occidental, en vez de dirigirse a las civilizaciones vecinas. Hay que organizar el frente común de las civilizaciones contra una civilización que pretende ser la civilización en singular. Este enemigo común prioritario es el globalismo y los Estados Unidos, que ahora son su principal vector. Cuanto más los pueblos de la Tierra se convenzan de ello, más los enfrentamientos entre las civilizaciones no occidentales podrán ser apaciguados. Si debe haber un “choque” de civilizaciones, tiene que ser un choque entre Occidente y el “resto del mundo”. Y el eurasismo es la fórmula política que conviene a este “resto”.

Eurasia en la Guerra de Redes

Gradualmente, la influencia del eurasianismo y de las redes eurasianistas creció fuera de Rusia (en Europa, Turquía y la ex Unión Soviética, especialmente Crimea y los territorios orientales de la antigua Ucrania), y dentro de la propia Rusia. La respuesta de Putin al golpe de estado en Kiev -la reunificación con Crimea y el inicio de la liberación de Novorossia- ha servido como un momento revelador que demuestra la cada vez mayor importancia del eurasianismo, que a menudo pasa desapercibida para el observador superficial. Describí estos escenarios como inevitables en la década de 1990 (véase A. Dugin, Osnovy Geopolitiki [Fundamentos de la Geopolítica] Moscú, 1997). En aquel entonces, yo los expliqué a través de la inevitabilidad histórica y la necesidad geopolítica: de acuerdo con la lógica de la geopolítica eurasianista, Ucrania debe o unirse a los atlantistas (y entonces el este y el sur se separarán), o a Rusia (y entonces las regiones occidentales se rebelarán). Esto es precisamente lo que ha ocurrido, y Putin actuó como un verdadero patriota ruso y eurasianista en circunstancias difíciles en vez de como un liberal y atlantista. Como resultado, el Occidente oficial junto con los liberales rusos y sus velados cómplices iniciaron una nueva ola de persecuciones contra los eurasianistas, que fueron acusados de interminables y, a veces, completamente absurdas afirmaciones, y culpados de todos los pecados capitales. Cuanto más fuertes se hicieron estas ideas y más clara fue su encarnación en actos políticos reales, más odio se despertó entre los representantes de la civilización del Mar y su red.

El águila bicéfala, el arcano imperial y la Tercera Roma

Occidente, monstruo enfermo que goza de buena salud, merece morir. Desencantado y cínico, esta parte del mundo nos encuentra errantes y sin justificación. A fin de cuentas, ¿quienes somos nosotros para dar lecciones de moral y buenas costumbres? 

Autoproclamados como el “Imperio del Bien”, nuestra bondad bien merece un bostezo cuando no un vómito.

Desprovistos de dioses y destino, ya no hay misión que nos conmueva. Ninguna conquista podrá ya saciar nuestras naderías, y ello porque carecemos de absoluto. Difícil tarea le toca al Occidente atlantófilo, al querer jugar al imperialismo careciendo de horizontes metafísicos contra zares de fuste.

Una nación, etnias diferentes

Los pasos que Vladimir Putin ha dado desde la publicación de su artículo programático sobre la Unión Euroasiática en “Izevstia”, demuestran que no se trata simplemente de una declaración aislada. No obstante, tanto sobre una integración del espacio post-soviético, como respecto a la posibilidad de llevarla a cabo prioritariamente en relación con la CEI, el tema ya ha sido ampliamente tratado por el mismo Putin y por otras figuras políticas.

Que no se trata simplemente de una abstracción, es algo visible desde los primeros pasos concretos tendentes al establecimiento de una unión aduanera, en la creación de una zona de libre comercio en la CEI y en otras acciones: esto demuestra que estamos frente a un proyecto con estrategias y programas.

La Unión Euroasiática no es sólo una iniciativa económica, aunque Putin insiste en la economía. Pero si sólo se trataba de economía, entonces ¿por qué no limitarse a un formato “euro”, la Comunidad Económica Euroasiática –CES-, un espacio económico común o una unión aduanera? ¡No! Putin dijo que la Unión Euroasiática es otra cosa. Es una estrategia política real. Y vemos cómo Putin se está esforzando en ponerla en práctica.

Alianza de los musulmanes y los cristianos ortodoxos

Los cristianos ortodoxos actuales son originarios del Imperio Bizantino, conocido en el Islam con el nombre de Rum.

Los Rum (o cristianos bizantinos) fueron mencionados en el Corán en la Sura Rum. A continuación, se dividen en dos polos diferentes de cristianismo. Cristianos católicos en Occidente que eligieron Roma (el Vaticano) como sede, y los cristianos ortodoxos del este, que optaron por Constantinopla (actual Estambul), y más específicamente, la Catedral de Santa Sofía, como asiento.

Esta catedral funcionó durante mucho tiempo como sede de la ortodoxia cristiana hasta la caída del último emperador bizantino, Constantino XI Paleólogo, cuando la toma de Constantinopla por el sultán otomano Mehmet II. De ser la sede Ortodoxa, la antigua Catedral de Santa Sofía fue transformada en mezquita por los otomanos; los cristianos ortodoxos  trasladaron su sede y su Patriarca a Moscú, que así se convierte en la nueva sede de la cristiandad ortodoxa.

Eurasia: La visión geopolítica de Alexander Dugin

Luego de la desintegración del sistema soviético, a comienzos de 1990, fundé la asociación Arctogaia y el Centro de Estudios Meta Estratégicos, luego las revistas Milyi Angel y Elementy, que aparecieron hasta 1998-1999. Mis ideas fueron influidasa partir de la década del 80’ por la Nouvelle Droite europea y en primer lugar por Alain de Benoist, a quien tengo en gran estima hasta el presente. Lo considero uno de los mayores intelectuales franceses actuales, quizás sea el mejor.

Últimamente, me interesé por la filosofía de Martin Heidegger, la sociología de Marcel Mauss y de Pitirim Sorokin, la antropología de Louis Dumont y sobre todo por Gilbert Durand, pero también por la antropología de Georges Dumezil y Claude Levy-Strauss. Escribí varios artículos sobre economía basándome en las ideas de Friedrich List, Joseph Schumpeter y Fernand Brodel.

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