Global

EL REGRESO DE LOS GRANDES TIEMPOS

Estoy de acuerdo con Brandon W. Hawk en la esencia. Amo la Edad Media y odio la modernidad. Para mí, la Ilustración está totalmente equivocada, y la ciencia moderna y la visión mundial “científica” moderna más amplia se basan en una mentira. Creo en Dios, los ángeles y el Espíritu Santo, no en Descartes, F. Bacon o Einstein. Creo que Platón y Aristóteles tenían toda la razón y sus detractores atomistas estaban absolutamente equivocados. Estoy seguro de que los Padres de la Iglesia son portadores de la verdad absoluta y que la filosofía moderna es la radiación de la mente del Ángel caído: Satanás. Estoy seguro de que el Apocalipsis está cerca, y considero el liberalismo y la globalización como signos claros de la aproximación del Anticristo y el Fin de los Tiempos. Soy tradicionalista y seguidor de los eslavófilos rusos, de Dostoievski, de Soloviev, de varios filósofos y monárquicos religiosos rusos. Aprecio mucho las ideas de René Guénon y Julius Evola. Estoy absolutamente a favor de la antigüedad y la Edad Media y absolutamente en contra de la modernidad en todas sus formas. Así que tengo una visión del mundo anti-moderna y anti-occidental (cuando la modernidad y occidente significan lo mismo), y veo la modernidad como la catástrofe y el declive de occidente. Filosóficamente, estoy de acuerdo con Heidegger en que la modernidad se basa en el olvido del ser, y hago un llamamiento a las personas que piensan para despertar al nuevo descubrimiento del ser. Considero a la Inteligencia Artificial como la personificación final de das Man (o Gestell) y lo considero que es el Anticristo, o una de sus cabezas.

 

Dugin en Shanghái (III): Multipolaridad, Unipolaridad y Hegemonía

La unipolaridad ganó terreno en los debates teóricos de las Relaciones Internacionales después del colapso de la Unión Soviética. Ese momento fue declarado como el “momento unipolar” por Charles Krauthammer. El “momento unipolar” significa la creación del concepto de un sistema unipolar en la realidad concreta con un polo y una periferia. Pero Krauthammer no estaba seguro si esto duraría para siempre o si terminaría dentro de poco. Entonces usó con mucha certeza el término “momento unipolar”. Después del fin de la Unión Soviética, fue confirmado el sistema unipolar, por ejemplo, en varios niveles, como el “Fin de la Historia” declarado por Fukuyama. No existía una confrontación entre polos o sistemas, solo existe un sistema: la democracia liberal capitalista con la sociedad de mercado, con Occidente reconocido por todos como el “líder del mundo”. Además, existe Occidente y el Resto. El Resto debe seguir a Occidente – esa es la esencia de la unipolaridad. Existe un único polo, un sistema, un sistema global – eso es la globalización. Así que la unipolaridad era comprender, en términos realistas, el mismo concepto de globalización, el Fin de la Historia o el momento unipolar.

Dugin en Shanghái (II): Geopolitica

La geopolítica es una rama del análisis estratégico. Existen algunos vínculos entre las teorías de las Relaciones Internacionales y las teorías geopolíticas, pero la geopolítica es un campo absolutamente original e independiente del pensamiento estratégico y de análisis. En esta conferencia vamos a centrarnos en los paradigmas, conceptos, escuelas y principales debates de la geopolítica.

La geopolítica puede ser definida como una disciplina que estudia las relaciones e interacciones entre los Espacios (Territorios), Estados, Civilizaciones, Pueblos y Economías. Este contexto es mucho más amplio que el de las Relaciones Internacionales, porque las teorías de las Relaciones Internacionales sólo estudian las relaciones entre los Estados. La geopolítica es mucho más amplia. Primero que todo, se centra en las relaciones entre el Estado y el espacio (territorio) – pero no exclusivamente, entre cultura a cultura y pueblo a pueblo, todo en el espacio. El espacio en la geopolítica juega el mismo papel que el tiempo en la historia. El análisis geopolítico está basado en la centralidad del espacio.

Dugin en Shanghái (I): Las Relaciones Internacionales

Las relaciones internacionales tratan del Estado como tal. Esto es muy importante. En el centro de esta ciencia, de esta disciplina, se encuentra el concepto de “nación”. Los Occidentales consideran que la nación es un valor político. El Occidente piensa la política en términos del “Estado nación” la cual es la norma desde la paz de Westfalia, y es su actitud formativa. La Nación es un Estado nacional (Etat-Nation), no es ni el pueblo ni el grupo étnico. Las Relaciones Internacionales son relaciones entre Estados. ¿Qué clase de Estados? Estados Occidentales modernos. Este es el primer y más importante principio. Cuando estamos tratando con el concepto de Estado, estamos tratando con un concepto histórico Occidental acerca de cómo la realidad política debe ser organizada y estudiada.

POSANTROPOLOGÍA

Una sociedad concreta (fenomenal) siempre se compone de dos partes: la superficie y la subterránea. La parte superficial es lo que normalmente denominamos «sociedad», es decir, una esfera de actividad racional donde prevalece el logos (λόγος). Esto es el dominio de lo «diurno». La parte subterránea es la oscuridad, la isla submarina del inconsciente colectivo, la región de la noche social (lo «nocturno»), donde manda el mito (μύθος).

Durante algún tiempo, la ciencia progresista creyó que estas dos partes estaban situadas en orden diacrónico. En los tiempos antiguos (y entre los pueblos «primitivos», el desafortunado «residuo» de la antigüedad), el mito era predominante. Pero el progreso de la civilización suplantó gradualmente el orden mitológico y lo reemplazó con un orden basado en el logos. La comunidad, o Gemeinschaft, es reemplazada por la sociedad, o Gesellschaft (F. Tönnies). Pero esta exaltación optimista no duró mucho tiempo. Mientras que la fe ciega en el supuesto progreso reinaba casi incuestionablemente en la Europa Occidental de los siglos XVIII-XIX, el subconsciente, donde predominan las leyes eternas e inmutables del mito, fue descubierto a principios del siglo XX.

EL TERCER TOTALITARISMO (CRÍTICA DESDE LA CUARTA TEORÍA POLÍTICA)

La sociedad liberal, oponiéndose a las sociedades de masas del socialismo y del fascismo, se convirtió en una sociedad masificada, estandarizada y estereotipada. Cuanto más aspira el ser humano a ser extraordinario en el contexto del paradigma liberal, tanto más se vuelve similar a todos los demás. Lo que el liberalismo trae consigo es precisamente la estereotipación y la uniformización del mundo, destruyendo la diversidad y la diferenciación.

Por lo tanto, el propio hecho de declarar al individuo como el valor más alto y la medida de todas las cosas (liberalismo) es en sí mismo una proyección de la sociedad, es decir, una forma de influencia totalitaria y de inducción ideológica. El individuo es un concepto social - sin la sociedad, el ser humano mismo no sabe si es o no es un individuo, y si el individualismo es o no es el más alto valor. El individuo aprende que él es un individuo, una persona particular, sólo en una sociedad en la que domina la ideología liberal, que realiza la función de medio ambiente en la operación. Así que aquello que niega la realidad social y afirma la individual también posee en sí mismo una naturaleza social. En consecuencia, el liberalismo es una ideología totalitaria que insiste, por métodos clásicos de propaganda totalitaria, en que el individuo es la instancia suprema.

La Cuarta Teoría Política, de Alexander Dugin

Ediciones Fides ha publicado secunda edicion de obra "La Cuarta Teoría Política"

La Cuarta Teoría Política no es una invitación a un retorno a la sociedad tradicional, es decir, no es el conservadurismo en el sentido convencional. Hay muchas características de nuestro pasado cronológico que son agradables y muchas que no lo son. Del mismo modo, las formas tradicionales de sociedad también son distintas unas de las otras. Por último, en las diferentes sociedades contemporáneas, las matrices étnicas y sociológicas, así como los contextos, también son diferentes unos de los otros. Por lo tanto, la Cuarta Teoría Política no debería imponer nada a nadie. Los partidarios de la Cuarta Teoría Política deben actuar paso a paso: la primera y más importante etapa es sostener el Dasein como el sujeto de nuestra teoría y la reversibilidad del tiempo. De esta manera, nos liberaríamos para el desarrollo de los preconceptos. Nosotros podemos definir varios preconceptos con respecto a la reversibilidad del tiempo y del Dasein/Traiectum, por lo tanto podemos definir varios conceptos políticos del tiempo. Y cada uno de ellos puede situarse en un proyecto político actual, de acuerdo con los principios de la Cuarta Teoría Política.

 

LA 4ª TEORÍA POLÍTICA Y EL POSLIBERALISMO

Para escapar de este campo codificado del pensamiento codificado, necesitamos desconstruir toda la modernidad. Si trascendemos las fronteras de la modernidad, vemos una sociedad diferente, una noción diferente del hombre, una visión diferente del mundo, una noción diferente de la política y del Estado. En primer lugar, terminamos con el sujeto cartesiano y vemos otra cosa. Busquemos lo que hay en este otro mundo. En sociología, esto se llama la transición de la sociedad moderna a la sociedad tradicional. Las nociones de tradición, religión y pre-modernidad ya nos ofrecen un espectro indudablemente más amplio de alternativas. Si rechazamos las leyes de la modernidad tales como el progreso, el desarrollo, la igualdad, la justicia, la libertad, el nacionalismo y todo este legado de tres siglos de filosofía e historia política, entonces hay una elección. Y sin duda, al menos es muy amplia. Esto es lo que he estado diciendo. Esta es la sociedad tradicional.

Uno de los primeros movimientos más sencillos en la dirección de la Cuarta Teoría Política es la rehabilitación global de la Tradición, de lo sagrado, de lo religioso, lo relacionado con la casta, si se prefiere, de lo jerárquico y no de la igualdad, la justicia o la libertad. Todo lo que rechazamos junto con la modernidad y todo lo que reelaboramos completamente...

COUNTER-HEGEMONY IN THE THEORY OF THE MULTIPOLAR WORLD

Although the concept of hegemony in Critical Theory is based on Antonio Gramsci’s theory, it is necessary to distinguish this concept’s position on Gramscianism and neo-Gramscianism from how it is understood in the realist and neo-realist schools of IR.

The classical realists use the term “hegemony” in a relative sense and understand it as the “actual and substantial superiority of the potential power of any state over the potential of another one, often neighboring countries.” Hegemony might be understood as a regional phenomenon, as the determination of whether one or another political entity is considered a “hegemon” depends on scale. Thucydides introduced the term itself when he spoke of Athens and Sparta as the hegemons of the Peloponnesian War, and classical realism employs this term in the same way to this day. Such an understanding of hegemony can be described as “strategic” or “relative.”

In neo-realism, “hegemony” is understood in a global (structural) context. The main difference from classical realism lies in that “hegemony” cannot be regarded as a regional phenomenon. It is always a global one. The neorealism of K. Waltz, for example, insists that the balance of two hegemons (in a bipolar world) is the optimal structure of power balance on a world scale[ii]. R. Gilpin believes that hegemony can be combined only with unipolarity, i.e., it is possible for only a single hegemon to exist, this function today being played by the USA.

In both cases, the realists comprehend hegemony as a means of potential correlation between the potentials of different state powers. 

Gramsci's understanding of hegemony is completely different and finds itself in a completely opposite theoretical field. To avoid the misuse of this term in IR, and especially in the TMW, it is necessary to pay attention to Gramsci’s political theory, the context of which is regarded as a major priority in Critical Theory and TMW. Moreover, such an analysis will allows us to more clearly see the conceptual gap between Critical Theory and TMW.

El paradigma del Fin

El análisis de las civilizaciones y sus relaciones, confrontaciones, desarrollo e interconexiones es un problema tan complejo que se pueden obtener resultados no simplemente diferentes, sino totalmente opuestos dependiendo de la metodología y del nivel de la investigación. Por lo tanto, con el fin de obtener incluso las conclusiones más aproximadas, es necesario aplicar una reducción que aporte una serie de criterios a un único modelo simplificado. El marxismo prefiere de forma inequívoca el enfoque económico, que se convierte en un sustituto y en el denominador común para todas las otras disciplinas. El liberalismo, en esencia, aunque menos explícitamente, también lo hace.

Un método cualitativamente diferente de reducción es el ofrecido por la geopolítica que, aunque menos conocido y menos popular es, sin embargo, no menos eficaz o ilustrativo para explicar la historia de las civilizaciones.

Varias formas de enfoque étnico, incluyendo en el extremo final "la teoría racial", ofrecen otra versión de reduccionismo. Por último, las religiones también ofrecen su propio modelo reduccionista de la historia de las civilizaciones. Estos cuatro modelos representan las rutas más populares de generalización y, aunque existen otros métodos, es poco probable que rivalicen con estos en términos de grado de claridad o sencillez.

El horizonte cósmico de posibilidades de la Cuarta Teoría Política rumbo a la superación de la posmodernidad

El presente estudio quiere ser un análisis ilustrativo acerca del papel político-filosófico desempeñado por la Cuarta Teoría Política de Alexander Dugin frente a los desafíos nubosos de la posmodernidad, que, por la razón misma de permanecer ocultos para la mayoría de los estudiosos y diletantes, merece una investigación más precisa. Para este objetivo se adoptarán, como marcos teóricos, las concepciones de la realidad de Alexander Dugin, José Ortega y Gasset, Julius Evola, Alain de Benoist, Zygmunt Bauman, entre otros.

Se hará, a modo de introducción, una breve retrospectiva histórica para que podemos consignar adecuadamente la transición de la modernidad líquida a la posmodernidad líquida (o sobremodernidad) bajo una perspectiva cronológica, lo que facilitará la sistematización y la comprensión del enfoque tomado. En seguida, se examinará la manera por la cual la ampliación del horizonte cósmico de posibilidades de naciones autónomamente constituidas y dueñas de sus propios intereses podrá hacer posible el establecimiento de una geopolítica multipolar con la consecuente desaparición de la sociedad abierta y de los desvaríos multitudinarios de aberraciones teratológicas, personificadas en nuestros tiempos por las figuras caricaturescas del neo-liberalismo, la socialdemocracia y otros tantos muñecos de ventrílocuo que retroalimentan las hegemonías oligárquicas en detrimento de la libre dela autodeterminación de los pueblos.

Occidente y su desafío (II)

Occidente no se apresuró a modernizar Rusia por dos razones:

• Por el temor a que Rusia podría volver una vez más a la vía de la confrontación, reforzándose y estableciendo su poder (Occidente entiende perfectamente bien que Rusia no es una suerte de país europeo, sino más bien una civilización independiente, y siempre se relaciona con ella de esa manera),
• porque estando en un estado de transición a la posmodernidad, el propio Occidente perdió el interés ideológico en la modernización de otros espacios de civilización, después de haberse sumergido en la tarea de comprender los nuevos desafíos.

Occidente dio la bienvenida al abrupto debilitamiento de Rusia, pero no creyó en la sinceridad y la naturaleza fundamental de su nuevo curso occidental, viendo tal cosa con indiferencia.

La ideología del Gobierno Mundial

El frente de combate ideológico anti-mundialista también debe combinar en sí mismo elementos de ideologías “izquierdistas” y “derechistas”, pero debemos ser “derechistas” en términos políticos (en otras palabras, “nacionalistas”, “tradicionalistas”, etc.), e “izquierdistas” en la esfera económica (en otras palabras, partidarios de la justicia social, el “socialismo”, etc.). De hecho, esta misma combinación no es sólo un programa político convencional y arbitrario, sino una condición necesaria en esta etapa de la lucha. La prioridad geopolítica hacia Oriente conlleva el que nos incumba renunciar completamente a los diferentes prejuicios “anti asiáticos”, sostenidos en ocasiones por la derecha rusa bajo la influencia del completamente extemporáneo mal ejemplo de la derecha europea. El “anti-asianismo” juega solamente a favor del Nuevo Orden Mundial. Y, por último, la lealtad a la Iglesia, a las enseñanzas de los Santos Padres, el Cristianismo Ortodoxo es un elemento necesario y muy importante de la lucha anti-mundialista, ya que la sustancia y el significado de esta lucha radican en la elección de Dios Verdadero, el “bando correcto”, la “parte bendecida”. Y nadie será capaz de salvarnos del falso encanto, del pecado, de la tentación, de la muerte en este terrible viaje, excepto el Hijo de Dios. Debemos convertirnos en Su anfitrión, Su ejército, Sus siervos y Sus misioneros. El Gobierno Mundial es la última rebelión del mundo inferior contra la Divinidad. Breve será el instante de su triunfo. Eterna será la alegría de los que se unirán a las filas de los “últimos luchadores por la Verdad y la Libertad en Dios”.

La necesidad de la metafísica del Caos

La filosofía europea moderna comenzó con el concepto de Logos y el orden lógico del ser. Durante dos mil y algunos cientos de años este concepto ha sido completamente agotado. Todo el potencial y los principios contenidos en esta forma de pensar logocéntrica ahora se han explorado a fondo, expuesto y abandonado.

El problema del Caos y la figura del Caos se descuidaron, dejadas a un lado desde el principio de la filosofía. La única filosofía que conocemos en la actualidad es la filosofía del Logos. Pero el Logos es algo opuesto al Caos, su alternativa absoluta.

Desde el siglo XIX, con los filósofos europeos más importantes y brillantes como Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger, hasta los pos-modernistas contemporáneos el hombre europeo comenzó a sospechar que el Logos estaba llegando a su fin. Algunos de ellos osaron afirmar que de ahora en adelante estamos viviendo en el tiempo del fin de la filosofía logocéntrica, acercándose otra cosa.

La filosofía europea estaba basada en el principio logocéntrico que corresponde al principio de exclusión, el elemento diferenciador, la diairesis griega. Todo esto corresponde estrictamente a la actitud masculina, refleja el orden jerárquico, autoritario, vertical del ser y del conocimiento.

LA FIGURA DEL SUJETO RADICAL

Hay cuatro tipos de hombres, según Martin Heidegger:
1) Las personas simples e ignorantes, que no pueden escoger nada. Cambian con el mundo y con la sociedad.
2) Los conservadores. Ellos tienen miedo de la noche de Dios, de la decadencia. Quieren conservar lo que existe contra el tiempo que todo lo devora.
3) Los progresistas. Ellos quieren ir en la dirección de la decadencia más y más rápido. Son los responsables de la situación actual. Los liberales, el gobierno mundial, en conjunto pueden ser llamados “El Anticristo Colectivo”.
4) Existe también un cuarto tipo: los nuevos filósofos. Ellos descienden al centro de la noche y no tienen miedo. Ahí donde el peligro es máximo. Heidegger dice de ellos: estos filósofos se enfrentan con el “conocimiento duro del nihilismo”, schwere Wissen des Nihilismus.
 
El Sujeto Radical va con el mundo sin ser de este mundo. Es en sí mismo la manifestación paradójica del fin. Yo llamo a esto el “zen eurasista”.

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