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El Dasein y la Cuarta Teoría Política

Toda la obra filosófica de Heidegger, y especialmente su libro El Ser y el Tiempo[2] gira en torno a la “pregunta por el ser”. Para Heidegger el “ser” es el más universal de los conceptos, pero al mismo tiempo es el más oscuro. El “ser” no puede concebirse como “ente” o cosa, ni puede ser objeto de un determinado predicado. Por otro lado el “ser” es el más comprensible de los conceptos, pues en todo conocer, en todo predicar respecto a un ente, se hace uso del término “ser”, y es compresible sin más

Europa empieza poco a poco a revelarse

Los pueblos no son libres hasta el momento que este gobierno mundial caiga, necesitamos luchar todos contra este gobierno en todos los países. Tenemos el gobierno italiano, tenemos en Hungría a Orban, tenemos a Vladimir Putin con el apoyo del pueblo ruso, tenemos Irán, tenemos en nuevo curso de Erdogan, tenemos la gran China que representa la potencia, la segunda economía del mundo, que rechaza y niega esta hegemonía unipolar, este globalismo occidental. Tenemos Trump, Bannon, tenemos la revolución de América profunda que se ha mostrado en las elecciones de Trump, tenemos mucho, pero no debemos subestimar su fuerza actual.

Son muy poderosos los grupos de Soros, pueden influenciar a los gobiernos. Tengo esperanza que un día en España también aparezca el frente populista común entre la derecha populista y la izquierda populista pero necesitará superar el antifascismo y el anticomunismo porque sirven a los liberales para dividir entre los populistas de derecha y de izquierda, por tanto en la lucha común contra los liberales, los populistas pueden tener la victoria.

Portavoz del Estado profundo ruso

Con el fin del comunismo, el Estado profundo ruso perdió la posibilidad de entender la política internacional. En esa época, introduje mis ideas de geopolítica en el Estado mayor ruso. Para los militares rusos, la geopolítica empezó a servir para entender lo que pasaba en las relaciones internacionales. Putin era el representante de ese Estado profundo –militar, procedente de los servicios secretos– y fue influenciado por estas ideas. La noción de una Unión Euroasiática la declaró por primera vez el presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbayev, en los años 90. Yeltsin no la aceptó, pero tampoco la rechazó. A Putin, que ideológicamente es menos liberal, esta concepción de la geopolítica le era mucho más natural. Esto explica algunos aspectos de su política desde el inicio. Los virajes existían, pero también un marco general euroasiático.

Podemos entender bien la política exterior de Putin si comprendemos que es realista: no es liberal, cree en la soberanía como un valor que está amenazado y no debe desaparecer. El eurasianismo como contexto geopolítico y el realismo como defensa de la soberanía son dos llaves para comprender a Putin. En algunos momentos es más realista que eurasianista: por ejemplo, con Afganistán tras el 11 de septiembre, cuando intenta colaborar en base a intereses compartidos. Putin pensaba que como los talibanes son salafistas, igual que quienes atacaban al Estado ruso en Chechenia, sería posible convencer a los estadounidenses de que se trataba de un enemigo común. Pero como señaló Zbigniew Brzeziński, los musulmanes que luchan contra los rusos son freedom fighters, no terroristas. Un doble rasero.

El neoliberalismo es un dogma para fanáticos

Un estado soberano se convierte en un enemigo a ser eliminado en el exacto momento en el cual adopte un modelo de desarrollo económico y geopolítico diferente del credo elaborado por la maquinaria mediático propagandística de Washington y Londres: ningún sujeto puede tener la libertad de ser no liberal. Credo, quia absurdum est.

Desde este punto de vista, entendemos perfectamente cómo, a partir de los años 50 del siglo pasado, los principales aliados del liberalismo atlántico han sido fundamentalistas islámicos, neonazis y juntas militares.

La dimensión colectiva del “Dasein”

Lo que para el liberalismo es el individuo, para el marxismo es la clase social y para el neoliberalismo el “postindividuo”, es decir, el sujeto sobre el que pivota una teoría política, para la Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) lo es el Dasein. El Dasein es, según Heidegger, el ser humano entendido como “ser-ahí”, como único ente capaz de “preguntar por el ser” y que es a la vez ser-en-el-mundo, ser-en-el-tiempo y ser-con-los otros. En este artículo nos concentraremos en el Dasein y en explicitar su dimensión colectiva y sus características existenciales que le diferencian del sujeto cartesiano, que es el correlato metafísico del individuo como sujeto del liberalismo, primera teoría política de la Modernidad.

Para intentar entender la idea de Dasein debemos hacer un recorrido por el pensamiento de Heidegger, desde el supuesto “olvido del ser”, que se produce en los albores de la filosofía griega, la “pregunta por el ser” y la analítica existencial del ser humano como preparación al estudio de la esencia del ser u ontología.

Máscara y rostro de la posmodernidad contemporánea

El posmodernismo se presenta de manera confusa, casi bifronte. Decir pos es filosóficamente un no decir, en cuanto la colocación temporal de una noción no establece el contenido explicativo ni, sobre todo, de verdad. Para considerar la transfiguración del todo profana del posmodernismo intentaremos valernos de la contribución de dos estudiosos contemporáneos de gran estatura y, para permanecer en el campo de las anomalías, de antitética procedencia cultural. Nos referimos a Mario Tronti, padre del operaismo [obrerismo] italiano y fino filósofo político, y de Alexandr Dugin, tradicionalista y eurasista ruso.

El eco evoliano de este título pretende, entre lo serio y lo gracioso, evocar un problema cultural – y por qué no, espiritual – de nuestra época. Al igual que en el siglo pasado un “idealista mágico” ha puesto de manifiesto la naturaleza ambivalente del espiritualismo, forma degenerada de la espiritualidad tradicional, es hoy oportuno denunciar la estructura ambigua y escurridiza del posmodernismo, hijo espurio de la modernidad. Filiación de signo negativo aquella detectada por Evola; partenogénesis de signo dudoso, digna de un debate, el del paradigma político, cultural y existencial del posmodernismo. Porque si bien todos los ismos merecen reservas – y Nietzsche ya lo ha dicho todo al respecto – el estatuto del posmodernismo es precursor de dinámicas perennemente inestables, resbaladizas, claroscuras. A ratos inefable, este Jano bifronte – sobre cuya propia existencia autónoma, desvinculada de la moderna, se complace el debate teórico – comporta infinitos problemas de definición. Se cierne como una quimera, el sueño monstruoso que todos soñamos en los momentos de lucidez y que la vigilia de la razón deja olvidado en nombre del sensus communis.

Tierra, Mar y Katechon

El hombre asumió el principio de territorialidad desde el mismo momento que dejó de ser nómada, cuando en el lejano Neolítico comienza a establecerse en un territorio determinado, bajo comunidades de cierta amplitud, y con un código de valores y unas normas de convivencia que comienzan a forjarse de forma más o menos difusa, en un principio, y con mayor claridad en el devenir de los siglos. Así podríamos definir, de forma simple y concisa los inicios de la historia de la humanidad civilizada, en lo que nos remite al germen del poder político y del desarrollo de estructuras más o menos complejas que derivan en formas estatales de distinta naturaleza.
 
En este sentido es muy interesante destacar las reflexiones de Carl Schmitt al respecto, quien nos habla de una antítesis fundamental en la base del dominio político sobre el territorio. Se trata de un antagonismo que nos remite a dos tipos claramente diferenciados de entornos: por un lado la tierra y por el otro el mar. Estos dos elementos, que vemos claramente expuestos con posterioridad en la obra de Aleksandr Duguin, cuando nos habla del dominio de la tierra (telurocracia) y el dominio del mar (talasocracia), reúnen una serie de condicionamientos a nivel simbólico que reflejan naturalezas en contraste.

¿Qué es el Eurasismo? Una conversación de Alain de Benoist con Alexander Dugin

La Cuarta Teoría Política no es una invitación a un retorno a la sociedad tradicional, es decir, no es el conservadurismo en el sentido convencional. Hay muchas características de nuestro pasado cronológico que son agradables y muchas que no lo son. Del mismo modo, las formas tradicionales de sociedad también son distintas unas de las otras. Por último, en las diferentes sociedades contemporáneas, las matrices étnicas y sociológicas, así como los contextos, también son diferentes unos de los otros. Por lo tanto, la Cuarta Teoría Política no debería imponer nada a nadie. Los partidarios de la Cuarta Teoría Política deben actuar paso a paso: la primera y más importante etapa es sostener el Dasein como el sujeto de nuestra teoría y la reversibilidad del tiempo. De esta manera, nos liberaríamos para el desarrollo de los preconceptos. Nosotros podemos definir varios preconceptos con respecto a la reversibilidad del tiempo y del Dasein/Traiectum, por lo tanto podemos definir varios conceptos políticos del tiempo. Y cada uno de ellos puede situarse en un proyecto político actual, de acuerdo con los principios de la Cuarta Teoría Política.  

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Europa: ¿en vísperas de la guerra civil?

Hay dos poderes, o polos, que están inmersos en una lucha absoluta, mortal y existencial, en el presente, en el pasado y en el futuro. Un polo es Eurasia, “el continente”, o “el Poder de la Tierra ‘, que está representado por el Heartland en la visión de Mackinder; históricamente estuvo representado por Esparta y Roma y es teleocrático (existe una jerarquía de arriba hacia abajo en lugar de una “red”). Por otro lado, existe un “Poder del Mar”, o “civilización del mar”, que históricamente fue representada por Cartago y Atenas. El Poder Continental es heroico, conservador y espiritual.

LA IDEOLOGÍA EUROASIÁTICA DE ALEXANDER DUGIN:ENTRE LA GEOPOLÍTICA Y EL POPULISMO

Según se ha adelantado, la visión política de Alexander Dugin ensambla los contenidos ideológicos dentro del campo de las relaciones internacionales, ampliando, más que refutando, los márgenes del enfoque realista (limitado en un principio a la defensa de los intereses de naturaleza securitaria), tal y como también ha acontecido en el debate académico. Sin embargo, aun asumiendo la relevancia de la interdependencia global, de los agentes no estatales, de la cooperación internacional y, en suma, de la agenda multipolar en el diseño de
la política exterior, el autor nos presenta una teoría, diríamos, contrainstitucional, no sujeta a normatividad internacional alguna. Por consiguiente, adscribe el propósito de implantar una gobernanza global a una estrategia de dominio estadounidense, basada en el fomento de valores que se hacen pasar por universales. Dugin no desconoce la existencia de estrategias alternativas que se disputan la prevalencia en el interior del Departamento de Estado norteamericano, y que oscilan entre el programa neoconservador y la apuesta,
más circunspecta, del multilateralismo; no obstante siguiere que todas pretenden expandir, de un modo más o menos directo, la formación de sistemas demo-liberales, tributarios del legado occidental pero que acaban desintegrando el tejido de las sociedades tradicionales (Steven R. Mann).

Los ataques terroristas en París: una lección de enantiodromía

Estamos viviendo en el momento decisivo en que la civilización occidental se acerca a su fin. Actos terroristas como los de París el 13 del 11 lo muestran claramente y sin lugar a dudas. El Occidente que conocíamos ya no existe. No puede existir por más tiempo. Durante un tiempo hubo un cierto Occidente. Con valores heroicos patriarcales, identidad cristiana, profunda y exquisita cultura con raíces greco-romanas. El Occidente de Dios, el hombre y la naturaleza. No hay nada como eso a la vista. Las ruinas. La débil y venenosa civilización liberal basada en la auto-indulgencia y al mismo tiempo en el auto-odio. Sin identidad, salvo una puramente negativa. Poblada por seres humanos egoístas y avergonzados de sí mismos. Esto puede traer el futuro. Frente a los brutales combatientes del posmoderno ISIS no puede afirmar nada, no puede oponerse a nada, no puede sugerir nada. Occidente no puede ser por más tiempo occidental. Se pierde a sí mismo. Se está ahogando. Francia no es el peor lugar. Todo el resto de Europa y de los EEUU sigue el mismo camino. Occidente tiene miedo. No del ISIS, de sí mismo, de su vacío, de su nihilismo. Si Occidente sobrevive no será el mismo Occidente que conocíamos. Se convertirá en un clon del Medio Oriente a sangre y fuego y sin salida, o en un sistema totalitario obsesionado con la seguridad. El ISIS no es el verdadero peligro, es más bien un síntoma de absoluta decadencia. Los gusanos no pueden causar la muerte. Ellos llegan cuando ya ha acabado todo. Si usted niega a Quien ha resucitado de entre los muertos y ha salvado a los demás, la muerte es el verdadero final. Por lo que es el día de las condenaciones.

La filosofía de Martin Heidegger y la metapolítica de Alexander Dugin como fundamentos de una propuesta bioética

Toda la obra filosófica de Heidegger, y especialmente su libro El Ser y el Tiempo gira en torno a la “pregunta por el ser”. Para Heidegger el “ser” es el más universal de los conceptos, pero al mismo tiempo es el más oscuro. El “ser” no puede concebirse como “ente” o cosa, ni puede ser objeto de un determinado predicado. Por otro lado el “ser” es el más comprensible de los conceptos, pues en todo conocer, en todo predicar respecto a un ente, se hace uso del término “ser”, y es comprensible sin más.

La “pregunta por el ser” es una pregunta fundamental, o más exactamente, la pregunta fundamental. Esta pregunta ya la formularon los griegos, en el momento inicial de la filosofía: los presocráticos, y más concretamente, Heráclito y Parménides. Pero el devenir de la filosofía, ya desde Platón y Aristóteles, se alejó de la “pregunta por el ser” y se centró en los entes, o más concretamente, el “ser” de los entes. Este alejamiento del “ser” alcanza su punto culminante en la filosofía de Descartes, cuando el “ser” se identifica con el “pensar” (cogito, ergo sum). Con el racionalismo la filosofía occidental culmina su “olvido del ser” y se centra en “pensar” los entes, es decir, controlar los entes. La matematización de la física es una de las consecuencias de la filosofía de Descartes, la cual hace posible la técnica moderna, que es para Heidegger, “metafísica realizada”.

¿Qué le pasa a Europa?

Esa es la razón por la que Rusia está siendo atacada – en Ucrania, en Moscú, en todas partes. El reciente asesinato del liberal Boris Nemstsov fue una provocación que sirve para demonizar a Rusia cada vez más a los ojos de Occidente. Los liberales, la oligarquía financiera mundial y atlantista (los Estados Unidos y la élite financiera), tratan de provocar hostilidad entre Rusia y Europa, así como tratan de salvar su tembloroso imperio promoviendo conflictos étnicos. La guerra en Ucrania es el primer paso en la serie de conflictos étnicos en suelo europeo. La élite liberal mundial planea la guerra étnica no sólo en Ucrania o Rusia, sino en Alemania, Francia, Europa del Este y en otros lugares. El Imperio liberal trata de salvar su hegemonía, que cae a pedazos, dividiéndonos.

Tenemos que resistir a fin de construir una Europa mejor, la Europa verdaderamente europea. Y en tal situación Rusia es el amigo y EEUU es el enemigo. Tenemos que trabajar en una alianza ruso-europea, no porque los europeos amen a Rusia o los rusos amen a los europeos. La razón es diferente: tenemos que estar juntos para salvar a cada uno de nosotros del peligro que nos amenaza a todos.

Te deseo todo lo mejor y me gustaría añadir que aprecio mucho el impacto de la revista Zuerst dirigida por el valiente Manuel Ochsenreiter, y su lucha por una Alemania mejor promoviendo la Europa verdadera.

Civilizaciones y geopolítica de los “grandes espacios” en la Cuarta Teoría Política

El concepto geopolítico de Heartland fue introducido por Mackinder, y ligado a la existencia geográfica de cuencas endorreicas, es decir, grandes cuencas fluviales que desembocan en mares cerrados (Mar Caspio, Mar Negro). Heartland procede del inglés heart (corazón) y land (tierra), siendo quizás “tierra nuclear” o “región cardial” las traducciones castellanas más aproximadas. El Heartland es la suma de una serie de cuencas fluviales contiguas cuyas aguas van a dar a cuerpos acuáticos inaccesibles para la navegación oceánica. Se trata de las cuencas endorreicas de Eurasia Central más la parte de la cuenca del Océano Ártico congelada en la Ruta del Norte con una capa de hielo de entre 1,2 y 2 metros, y por tanto impracticable buena parte del año ―salvo para rompehielos de propulsión atómica (que sólo la Federación Rusa posee) y similares embarcaciones

La regla de oro de Mackinder podría traducirse como “Quien una a Europa con el corazón de la tierra, dominará el corazón de la tierra y por tanto la Tierra”. El Heartland carece de un centro neurálgico claro y puede definirse como un gigantesco y robusto cuerpo en busca de un cerebro. Dado que entre el Heartland y Europa no hay barreras geográficas naturales (cadenas montañosas, desiertos, mares, etc.), la cabeza más viable para el Heartland es claramente Europa, seguida a mucha distancia por China, Irán e India.

La Cuarta Teoría Política y la “Otra Europa”

Dugin se refiere especialmente a dos grandes espacios que le son próximos: uno sería Eurasia, con su centro en Rusia. Otro seria la Unión Europea. El Dasein de Eurasa sería la civilización cristiano-ortodoxa. Con respecto a la Unión Europea hay que hacer unas matizaciones importantes. Para que esta fuera realmente un Gran Espacio de los imaginados por Dugin tendría que ser fiel a su Dasein, cosa que evidentemente no es así. Liberal desde sus orígenes y vanguardia del neoliberalismo en la actualidad, la Unión Europea es concebida únicamente como un espacio de librecambio comercial, donde se aplican las normas del neoliberalismo más ortodoxo, y como un espacio “político” para la plena realización del postindividuo.

Además la dependencia política y militar de la UE respecto a los Estados Unidos y al atlantismo le alejan de la soberanía imprescindible para poder hablar de un gran espacio en el sentido duginiano del término. El hecho de que la UE se plantee la integración de Turquía, país absolutamente ajeno al Dasein europeo, tanto por su cultura, su religión o su situación geográfica confirma lo que estamos diciendo. La penosa actuación de la UE en la crisis de Ucrania, mostrando su absoluto seguidismo de los intereses estadounidenses es otro argumento a nuestro favor. Los intereses geopolíticos de Europa aconsejan a esta una alianza con Eurasia, y por tanto la UE está actuando en contra de los intereses de Europa.

Es sintomático que la UE este liderada por Alemania, país absolutamente “nuevo”, destruido no solo física, sino espiritualmente después de la II Guerra Mundial y moldeado a imagen y semejanza de sus ocupantes ingleses y americanos, y a su vez liderado por una excomunista reconvertida al neoliberalismo más “ortodoxo”.

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