Europe

Breve historia del Liberalismo: de Guillermo de Ockham al Globalismo Posthumanista

Para entender claramente lo que significa la victoria de Biden y el “nuevo” direccionamiento de Washington para el “Gran Reinicio” a escala histórica, uno debe mirar toda la historia de la ideología liberal, comenzando desde sus raíces. Solo entonces seremos capaces de comprender la gravedad de nuestra situación. La victoria de Biden no es un episodio fortuito, y el anuncio de un contraataque globalista no es simplemente la agonía de un proyecto fallido. Es mucho más serio que eso. Biden y las fuerzas detrás de él encarnan la culminación de un proceso histórico que comenzó en la Edad Media, alcanzó su madurez en la Modernidad con el surgimiento de la sociedad capitalista, y que hoy está llegando a su etapa final, la teórica esbozada desde el principio.

LA DESTRUCCIÓN DEL CAPITALISMO GLOBAL

La occidentalización juego un rol muy importante en la globalización, porque se trata tanto de una proyección de los valores occidentales como de la sociedad occidental a todo el resto de la humanidad. Así que la globalización mide todo según los parámetros de Occidente. El segundo nivel de la globalización es la proyección del proceso de modernización junto con la occidentalización. Eso significa que siempre se están imponiendo una versión cada vez más actualizada de los mismos valores occidentales, ya que los valores occidentales que existían ayer no son los de hoy. Se trata de un proceso continuo de transformación que tiene como principio el cambio de los valores y los paradigmas occidentales. Pero sobre todo debemos tener en cuenta lo siguiente: es un proceso doble donde se produce un proceso de actualización del mismo Occidente y que luego es proyectado como una versión mucho más actualizada al resto del mundo. Es una combinación de lo posmoderno con lo moderno.

EL PATRIARCA FOCIO: EL TEÓLOGO DEL BIZANTINISMO

Focio es el principal ideólogo de la ortodoxia bizantina y quién puso sus últimos fundamentos metafísicos, además de predeterminar la identidad ortodoxo-bizantina en el sentido de una cosmovisión que podía abarcar tanto a los griegos (bizantinos) como a aquellos pueblos y culturas que luego resultarían ser los defensores de la ortodoxia. De hecho, fue Focio quien preparó el paradigma teológico y dogmático que llevó a los ortodoxos al Gran Cisma, insistiendo firmemente en que es la ortodoxia bizantina oriental la verdadera tradición cristiana que está unida por un hilo continuo que conecta el cristianismo del siglo IX con sus fuentes históricas y místicas, mientras que el Occidente católico es una “rama seca” que perteneció antes a la Tradición, pero que había perdido su vida y también sus conexiones con la verdad dogmática que fue plasmada en los 7 Concilios Ecuménicos. Fue el Concilio del 879-880 el que, gracias a las decisiones de Focio, reconoció al Segundo Concilio de Nicea como oficialmente el Séptimo Concilio Ecuménico, cerrando con ello la época de los Concilios Ecuménicos y fijando la estructura de los dogmas ortodoxos en un corpus doctrinal de textos teológico y reglamentos que jamás fueron sujetos a enmiendas o cambios. El cristianismo occidental, por el contrario, consideraba al Papa como un intérprete vivo de la Tradición y, por lo tanto, los dogmas de la Iglesia no podían ser fijados de una vez por todas. Es en este punto donde podemos ver que surge la diferencia más importante entre la ortodoxia y el catolicismo: el bizantinismo ortodoxo tiende hacia el conservadurismo dogmático como parte esencial de su realidad, en cambio el catolicismo siguió el camino de ir ajustando los dogmas que heredaba a los desafíos que enfrentaba durante cada época histórica, tratando de preservar de este modo, en la medida de lo posible, su lealtad al espíritu y la letra de la tradición de la Iglesia. Los ortodoxos han conservado de manera inflexible los dogmas en comparación con los católicos. Pero los mismos católicos, si los comparamos con los protestantes, que son incluso menos dogmáticos, pueden parecernos a su vez conservadores y tradicionalistas.

Un Alain de Benoist que tiene la audiencia de un Eric Zemmour y la influencia de un BHL

El primer movimiento eurasianista fue fundado en la década de 1920 por varios intelectuales que hacían parte de la emigración rusa (Troubetskoy, Savitsky, Alekseiev, etc.). Todos ellos argumentaban que la identidad rusa había nacido de una fusión original entre los elementos eslavos y los turco-musulmanes y que Rusia constituía un “tercer continente” entre Occidente (el cual era denunciado como materialista y decadente) y Asia. Los eurasianistas se diferenciaba de los nacionalistas clásicos y los eslavófilos y, aunque no eran comunistas, no se opusieron a la experiencia soviética, que veían como una continuación de la idea imperial rusa.

ABSTRACCIÓN Y DIFERENCIACIÓN EN JULIUS EVOLA

El primer opúsculo que hizo el barón Julius Evola se titula Arte abstracto (1920) (1). Es una obra temprana, en la que, sin embargo, es fácil vislumbrar las principales pautas de este autor, de su personalidad, de su mito. Solo siendo capaces de conocer en su conjunto a Julius Evola, su legado y su increíble destino, seremos capaces de intentar incluir este pequeño libro en la totalidad de su monumental pensamiento. En uno de los raros videos en los que aparece, Evola, ya anciano, habla de sus simpatías hacia el dadaísmo (2). Es impresionante el ver lo vivo que estaba, el cómo le ardían los ojos, lo inspirado que se sentía al recordar su pasado dadaísta hasta el más mínimo detalle… Evidentemente, todo esto le encantaba locamente y, de hecho, le traía un gran placer. Sería interesante ver, si paralelamente, el viejo Guénon habló de su primera poesía, dedicada a las iniciaciones de los gitanos o a una cierta rehabilitación del diablo… ¿Brillarían también sus ojos de esa manera? No lo creo. Pero es algo que nunca sabremos… Vayamos, pues, al Arte Abstracto. ¿Por qué abstracto? ¿Qué significa para Evola, para el gran Evola, en su totalidad, la palabra abstracto?

 

ALAIN DE BENOIST: GRAMSCISMO DE DERECHA Y METAPOLÍTICA

La figura más importante en el movimiento de la “Nueva Derecha” fue y sigue siendo hasta el día de hoy el filósofo Alain de Benoist, quien continuó la iniciativa de Raymond Abellio para realizar la gran “transformación de los últimos tiempos” en algo directamente opuesto al estado actual de las cosas en Europa: el triunfo del nihilismo y el triunfo del “abismo de la tierra”.

El movimiento de Alain de Benoist fue llamado la “Nueva Derecha” de manera más bien tentativa, ya que sus propios representantes se negaron a identificarse como de izquierda o de derecha. Además, entre las tres ideologías clásicas de la Modernidad – 1) liberalismo, 2) comunismo y 3) fascismo – ninguna correspondía a la dirección básica de esta corriente ideológica. En este sentido, las palabras de Abellio en su libro “Los ojos de Ezequiel están abiertos” se refieren plenamente a Alain de Benoist:

Sobre Johan Huizinga

La capacidad de comprender las estructuras de la convencionalidad, la capacidad de imitar las pasiones, incluida la agresión, el conflicto, el drama, pero con toda la tensión y el voltaje, que no rompe el hilo, que no detiene el flujo de la vida: esta es la base de la vida humana entre todos los individuos. Este es el fundamento de la sociedad. Aquí reina un signo, un símbolo, una indicación de uno al otro y siempre con una parte irónica de convencionalismo. Sin esto, no hay cultura. La percepción demasiado directa del mundo es una propiedad de los idiotas e ignorantes.

GIORGIO AGAMBEN: CUARTA TEORÍA POLÍTICA UNA MIRADA DESDE LA IZQUIERDA

Desde la época de los años 70, el pensamiento izquierdista de Italia, así como de Francia y otros Estados europeos, se ha desviado cada vez más del marxismo ortodoxo, acercándose al liberalismo (como el comunismo europeo de Berlingueur y Carillo), o a las teorías comunistas de derecha, al tradicionalismo e incluso a la Revolución Conservadora. Si el tradicionalismo de H. Corbin tuvo una influencia fundamental en Cacciari, entonces otro brillante filósofo de la izquierda italiano, Giorgio Agamben, construye sus teorías, a partir de las ideas de Martin Heidegger y Carl Schmitt. Por otro lado, habiendo estudiando en el Instituto Warburg bajo la supervisión de Francis Yates, la autora de la teoría de la Ilustración Rosacruz, que puede atribuirse a una versión suave del tradicionalismo (sin embargo, como todos los otros científicos agrupados en torno al Instituto Abi Warburg, se encuentra interesada por el hermetismo y el misticismo europeos). Agamben dedica su tesis a Simone Weil (1909-1943), una filósofa que criticó fuertemente a la Modernidad hasta sus propios cimientos. Además, Agamben fue influenciado por las teorías del círculo de Georges Bataille (especialmente el tema de la "sacralidad oscura") y el estudio de la biopolítica y las "sociedades disciplinarias" de Michel Foucault.

La Edad Media existencial y el problema de la alienación en la óptica de la Cuarta Teoría Política

Para el desarrollo de la Cuarta Teoría Política, el tema clave es el problema de la alienación. La metafísica de la Modernidad en sí misma se basó originalmente en el deseo de superar la alienación, que a fines de la Edad Media comenzó a percibirse como algo insoportable, de ahí la rebelión del Renacimiento y la Reforma. El origen de ambas fue el rechazo del sistema feudal imperial medieval de organización de la sociedad y el dominio de los dogmas católicos. El espíritu medieval tardío fue percibido como un sinónimo de alienación, que encadenaba todas las energías creativas del hombre. No es casualidad que el eslogan del Renacimiento, y luego del Modernismo, fuera el humanismo, una apelación al hombre para ponerlo en el centro de atención. Esto también fue motivado por el protestantismo temprano, enraizado en el misticismo del Rin y el platonismo subjetivo de Wycliffe, donde prevalecían las mismas ideas básicas: núcleo interno del hombre es reprimida por estructuras que lo alienan: eclesiásticas, políticas, culturales, y él debe ser liberada de ellas. El Renacimiento, la Reforma y la Ilustración consideraron que esta era su tarea principal: la restauración de la dignidad interior del hombre, su liberación del yugo de las normas sociales.

La Cuarta Teoría Política y la destrucción de la modernidad

Los Nuevos Tiempos son un gran error. Todos sus principios, axiomas y vectores resultaron ser un callejón sin salida. Tanto en filosofía como en religión, tanto en ciencia como en política. Esto se hizo evidente durante el turbulento siglo XX, cuando las tres principales ideologías políticas de la Modernidad --el liberalismo, el comunismo y el fascismo-- convergieron en una batalla mortal. Sin embargo, su confrontación fue oscurecida por la intensidad del hecho de que los tres se basan en los mismos requisitos previos: materialismo, progresismo, ateísmo y tienen características comunes, principalmente el racismo biológico o de civilización (considerando a Occidente como un tipo universal de sociedad), totalitarismo y cero tolerancia para la disidencia. Cuando en el transcurso del siglo XX el liberalismo obtuvo una victoria decisiva sobre las otras teorías políticas, se convirtió en el heredero de toda la Modernidad política. De ahora en adelante, fue precisamente el liberalismo el que se convirtió en la principal encarnación de las falacias y el mal que forman la base de la Nueva Era Política.

La cuarta teoría política y el logos italiano

Para mí, la edición italiana de La Cuarta Teoría Política es de gran importancia. En primer lugar, esto se debe al hecho de que mis puntos de vista se formaron bajo la influencia decisiva de la filosofía del tradicionalismo, y uno de sus dos pilares (junto con Guénon) es el filósofo italiano Julius Evola. En general, mis puntos de vista se basan completamente en el tradicionalismo, aunque prefiero no repetir las fórmulas y declaraciones de sus fundadores, sino que, a partir de sus principios, construir conceptos y teorías en áreas que, por una razón u otra, no eran prioritarias para los fundadores del tradicionalismo.Y, sin embargo, es el tradicionalismo el que subyace en todas mis investigaciones, sin importar a qué campo pertenezcan: filosofía, religión, política, geopolítica, sociología, relaciones internacionales, historia de las civilizaciones y las ideas, etc.

 

“TESTIGOS” Y “NEGACIONISTAS”: EL CORONAVIRUS COMO INCENTIVO PARA LA GUERRA CIVIL GLOBAL

Los "testigos" están sentados en casa, no quieren infectarse e infectar, los "negacionistas" se apresuran afuera, asegurándo (después de todo, es casi una cuestión "cuasi-religiosa") que no se infectarán y no infectarán a nadie, ya que no hay nada. Y cuando dos prácticas fluyen de dos epistemas (sectas), comienza lo Político: el par de amigos / enemigos. El testigo del testigo es un amigo (y, por lo tanto, son amigos el estado, la policía y los médicos y todos los que se "sientan bien"), y el negacionista es un colaborador casi consciente, un cómplice del virus, un vendedor ambulante, obviamente un rechazado, es decir, el enemigo. Y viceversa: para los negacionistas, los testigos son idiotas y conformistas cobardes y crédulos, necesarios para introducir una dictadura sin precedentes, sepultureros del mundo libre y del mercado, es decir, enemigos. Otros negacionistas son amigos. Y este es un requisito previo para una guerra civil mundial: los negacionistas contra los testigos. Nos quedaremos encerrados durante otro mes, y eso es lo que veremos.

Y ahora la conclusión: es imposible no pertenecer a ninguna de las dos sectas, ya que el desafío del coronavirus es total, y todos deberían darle algún tipo de respuesta, y estas dos posiciones generalizan todas las posiciones posibles, incluidas muchas otras. Pertenecer a ambas partes al mismo tiempo es un signo de un trastorno mental completo, y no está claro cómo construir sobre esa división la práctica cotidiana del aislamiento. Pero dado que las clínicas psiquiátricas están cerradas debido a la pandemia, será necesario ser tratado "medias" por tu cuenta, de forma ambulatoria o en Internet.

Populismo: La regla de las personas y la nueva ideología global

Mucha gente piensa que el "populismo" es solo una designación peyorativa de actuaciones espontáneas contra la élite en Europa y otros países que afectan el panorama de la política moderna. El "populismo" se entiende con mayor frecuencia como la ausencia de una ideología política consistente, como la socialdemocracia, la democracia liberal, el socialismo, el nacionalismo o las ideas republicanas formuladas con claridad. Además, se considera que el "populismo" es todo lo que queda fuera de los límites de la ideología a la que se adhieren las élites globales modernas.

La Misión de Julius Evola por Alexandr Dugin

 Evola es una figura paradigmática del tradicionalismo, junto con Guénon. Cuanto más tiempo pasa, más impresionante nos resulta. Ninguno de los guenonianos –  Burkhardt, Valsan, Schuon, dejando de lado los menos importantes – podrían siquiera comparase con Evola. Los guenonianos se están volviendo algo común, se han vuelto conformistas, o masones, o han caído en la debilidad mental de la “nueva era”, pero el caso de Evola se mantiene como un monumento del espíritu en estos tiempos oscuros.

Tan pronto como los regímenes de la tercera posición se vuelven cosa del pasado, somos menos conscientes del funcionamiento de los partidos y aun de los líderes de esos partidos, y las figuras como Evola brillan más fuerte. Y esto va en aumento. Después de 20 años se dirá que Hitler y Mussolini eran figuras políticas que vivieron en la era de Evola y Heidegger y se dividieron (en un nivel primitivo, y parcialmente) sus ideas.

El final de la 'hipótesis Dugin' y las lecciones que nos está enseñando Italia

Los cambios que están sucediéndose en Italia revelan tres aspectos esenciales de la política occidental: la 'hipótesis Dugin', el plan de Trump y la ceguera del globalismo liberal.

En Occidente, estos partidos han basado su oferta electoral en una mezcla peculiar, ya que sus valores eran de extrema derecha, ligados al nacionalismo, la lucha contra la inmigración, la defensa de los valores patrios y al combate contra las costumbres liberales, al tiempo que sumaban, y tanto el Brexit, como Trump o Salvini son producto de esta tendencia, una defensa de los perdedores a través del rechazo de la globalización. Su gran baza era la pelea contra un orden mundial injusto en el que eran sus nacionales quienes pagaban la factura: "El mundo nos roba", como aseguraba Trump, "La UE llena el país de emigrantes", como se decía en el Reino Unido o "Bruselas nos roba", como afirman los italianos. La idea de fondo era que se iba a pelear contra ese enemigo exterior (ya fueran los burócratas europeos, los de Washington, los emigrantes, los comunistas o todos ellos) a través de un mayor cierre nacional. De esta forma se recogerían beneficios (los que les estaban quitando) que irían a parar a los suyos, por ejemplo en forma de conservación de los puestos de trabajo, del fin de las deslocalizaciones o del reemplazo de los nacionales por los emigrantes en las empresas, así como de la preservación de las costumbres y tradiciones propias.

 

ACABAR CON HEGEMONÍA OCCIDENTAL

El liberalismo, esta ocupación del país por el Occidente precisamente porque en los años noventa fue la ocupación. Gorbachov ha querido hacer un acuerdo con Occidente para dejar la Guerra Fría pero Occidente entendió esto como capitulación de Rusia, la respuesta fue la expansión de la OTAN, la presión sobre Rusia para acelerar su final, su fin. Brzezinski ha declarado abiertamente que hay que destruir Rusia totalmente. Era la política general del unipolarismo Occidental en los años noventa. La élite que llegó al poder, liberal-demócrata, era una élite pro occidentalista que ayudaba a occidente a la destrucción del país, han vendido casi todo y Putin era un de ellos, es muy importante para comprender, para entender, qué se produjo en el momento de su llegada al poder.

Era una parte de este sistema. Este sistema iba en el sentido de la destrucción total del país, la posición era débil, no ha podido oponerse en nada contra este curso de los liberales, de los oligarcas, de los traidores y Putin era una parte de este grupo. Pero cuando ha llegado al poder ha cambiado de golpe todo, totalmente todo. Siendo el hombre de Yeltsin desde sus primeros pasos en el poder Putin ha empezado a seguir una línea totalmente opuesta a la línea de Yeltsin.

El Dasein y la Cuarta Teoría Política

Toda la obra filosófica de Heidegger, y especialmente su libro El Ser y el Tiempo[2] gira en torno a la “pregunta por el ser”. Para Heidegger el “ser” es el más universal de los conceptos, pero al mismo tiempo es el más oscuro. El “ser” no puede concebirse como “ente” o cosa, ni puede ser objeto de un determinado predicado. Por otro lado el “ser” es el más comprensible de los conceptos, pues en todo conocer, en todo predicar respecto a un ente, se hace uso del término “ser”, y es compresible sin más

Europa empieza poco a poco a revelarse

Los pueblos no son libres hasta el momento que este gobierno mundial caiga, necesitamos luchar todos contra este gobierno en todos los países. Tenemos el gobierno italiano, tenemos en Hungría a Orban, tenemos a Vladimir Putin con el apoyo del pueblo ruso, tenemos Irán, tenemos en nuevo curso de Erdogan, tenemos la gran China que representa la potencia, la segunda economía del mundo, que rechaza y niega esta hegemonía unipolar, este globalismo occidental. Tenemos Trump, Bannon, tenemos la revolución de América profunda que se ha mostrado en las elecciones de Trump, tenemos mucho, pero no debemos subestimar su fuerza actual.

Son muy poderosos los grupos de Soros, pueden influenciar a los gobiernos. Tengo esperanza que un día en España también aparezca el frente populista común entre la derecha populista y la izquierda populista pero necesitará superar el antifascismo y el anticomunismo porque sirven a los liberales para dividir entre los populistas de derecha y de izquierda, por tanto en la lucha común contra los liberales, los populistas pueden tener la victoria.

Portavoz del Estado profundo ruso

Con el fin del comunismo, el Estado profundo ruso perdió la posibilidad de entender la política internacional. En esa época, introduje mis ideas de geopolítica en el Estado mayor ruso. Para los militares rusos, la geopolítica empezó a servir para entender lo que pasaba en las relaciones internacionales. Putin era el representante de ese Estado profundo –militar, procedente de los servicios secretos– y fue influenciado por estas ideas. La noción de una Unión Euroasiática la declaró por primera vez el presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbayev, en los años 90. Yeltsin no la aceptó, pero tampoco la rechazó. A Putin, que ideológicamente es menos liberal, esta concepción de la geopolítica le era mucho más natural. Esto explica algunos aspectos de su política desde el inicio. Los virajes existían, pero también un marco general euroasiático.

Podemos entender bien la política exterior de Putin si comprendemos que es realista: no es liberal, cree en la soberanía como un valor que está amenazado y no debe desaparecer. El eurasianismo como contexto geopolítico y el realismo como defensa de la soberanía son dos llaves para comprender a Putin. En algunos momentos es más realista que eurasianista: por ejemplo, con Afganistán tras el 11 de septiembre, cuando intenta colaborar en base a intereses compartidos. Putin pensaba que como los talibanes son salafistas, igual que quienes atacaban al Estado ruso en Chechenia, sería posible convencer a los estadounidenses de que se trataba de un enemigo común. Pero como señaló Zbigniew Brzeziński, los musulmanes que luchan contra los rusos son freedom fighters, no terroristas. Un doble rasero.

El neoliberalismo es un dogma para fanáticos

Un estado soberano se convierte en un enemigo a ser eliminado en el exacto momento en el cual adopte un modelo de desarrollo económico y geopolítico diferente del credo elaborado por la maquinaria mediático propagandística de Washington y Londres: ningún sujeto puede tener la libertad de ser no liberal. Credo, quia absurdum est.

Desde este punto de vista, entendemos perfectamente cómo, a partir de los años 50 del siglo pasado, los principales aliados del liberalismo atlántico han sido fundamentalistas islámicos, neonazis y juntas militares.

La dimensión colectiva del “Dasein”

Lo que para el liberalismo es el individuo, para el marxismo es la clase social y para el neoliberalismo el “postindividuo”, es decir, el sujeto sobre el que pivota una teoría política, para la Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) lo es el Dasein. El Dasein es, según Heidegger, el ser humano entendido como “ser-ahí”, como único ente capaz de “preguntar por el ser” y que es a la vez ser-en-el-mundo, ser-en-el-tiempo y ser-con-los otros. En este artículo nos concentraremos en el Dasein y en explicitar su dimensión colectiva y sus características existenciales que le diferencian del sujeto cartesiano, que es el correlato metafísico del individuo como sujeto del liberalismo, primera teoría política de la Modernidad.

Para intentar entender la idea de Dasein debemos hacer un recorrido por el pensamiento de Heidegger, desde el supuesto “olvido del ser”, que se produce en los albores de la filosofía griega, la “pregunta por el ser” y la analítica existencial del ser humano como preparación al estudio de la esencia del ser u ontología.

Máscara y rostro de la posmodernidad contemporánea

El posmodernismo se presenta de manera confusa, casi bifronte. Decir pos es filosóficamente un no decir, en cuanto la colocación temporal de una noción no establece el contenido explicativo ni, sobre todo, de verdad. Para considerar la transfiguración del todo profana del posmodernismo intentaremos valernos de la contribución de dos estudiosos contemporáneos de gran estatura y, para permanecer en el campo de las anomalías, de antitética procedencia cultural. Nos referimos a Mario Tronti, padre del operaismo [obrerismo] italiano y fino filósofo político, y de Alexandr Dugin, tradicionalista y eurasista ruso.

El eco evoliano de este título pretende, entre lo serio y lo gracioso, evocar un problema cultural – y por qué no, espiritual – de nuestra época. Al igual que en el siglo pasado un “idealista mágico” ha puesto de manifiesto la naturaleza ambivalente del espiritualismo, forma degenerada de la espiritualidad tradicional, es hoy oportuno denunciar la estructura ambigua y escurridiza del posmodernismo, hijo espurio de la modernidad. Filiación de signo negativo aquella detectada por Evola; partenogénesis de signo dudoso, digna de un debate, el del paradigma político, cultural y existencial del posmodernismo. Porque si bien todos los ismos merecen reservas – y Nietzsche ya lo ha dicho todo al respecto – el estatuto del posmodernismo es precursor de dinámicas perennemente inestables, resbaladizas, claroscuras. A ratos inefable, este Jano bifronte – sobre cuya propia existencia autónoma, desvinculada de la moderna, se complace el debate teórico – comporta infinitos problemas de definición. Se cierne como una quimera, el sueño monstruoso que todos soñamos en los momentos de lucidez y que la vigilia de la razón deja olvidado en nombre del sensus communis.

Tierra, Mar y Katechon

El hombre asumió el principio de territorialidad desde el mismo momento que dejó de ser nómada, cuando en el lejano Neolítico comienza a establecerse en un territorio determinado, bajo comunidades de cierta amplitud, y con un código de valores y unas normas de convivencia que comienzan a forjarse de forma más o menos difusa, en un principio, y con mayor claridad en el devenir de los siglos. Así podríamos definir, de forma simple y concisa los inicios de la historia de la humanidad civilizada, en lo que nos remite al germen del poder político y del desarrollo de estructuras más o menos complejas que derivan en formas estatales de distinta naturaleza.
 
En este sentido es muy interesante destacar las reflexiones de Carl Schmitt al respecto, quien nos habla de una antítesis fundamental en la base del dominio político sobre el territorio. Se trata de un antagonismo que nos remite a dos tipos claramente diferenciados de entornos: por un lado la tierra y por el otro el mar. Estos dos elementos, que vemos claramente expuestos con posterioridad en la obra de Aleksandr Duguin, cuando nos habla del dominio de la tierra (telurocracia) y el dominio del mar (talasocracia), reúnen una serie de condicionamientos a nivel simbólico que reflejan naturalezas en contraste.

¿Qué es el Eurasismo? Una conversación de Alain de Benoist con Alexander Dugin

La Cuarta Teoría Política no es una invitación a un retorno a la sociedad tradicional, es decir, no es el conservadurismo en el sentido convencional. Hay muchas características de nuestro pasado cronológico que son agradables y muchas que no lo son. Del mismo modo, las formas tradicionales de sociedad también son distintas unas de las otras. Por último, en las diferentes sociedades contemporáneas, las matrices étnicas y sociológicas, así como los contextos, también son diferentes unos de los otros. Por lo tanto, la Cuarta Teoría Política no debería imponer nada a nadie. Los partidarios de la Cuarta Teoría Política deben actuar paso a paso: la primera y más importante etapa es sostener el Dasein como el sujeto de nuestra teoría y la reversibilidad del tiempo. De esta manera, nos liberaríamos para el desarrollo de los preconceptos. Nosotros podemos definir varios preconceptos con respecto a la reversibilidad del tiempo y del Dasein/Traiectum, por lo tanto podemos definir varios conceptos políticos del tiempo. Y cada uno de ellos puede situarse en un proyecto político actual, de acuerdo con los principios de la Cuarta Teoría Política.  

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Europa: ¿en vísperas de la guerra civil?

Hay dos poderes, o polos, que están inmersos en una lucha absoluta, mortal y existencial, en el presente, en el pasado y en el futuro. Un polo es Eurasia, “el continente”, o “el Poder de la Tierra ‘, que está representado por el Heartland en la visión de Mackinder; históricamente estuvo representado por Esparta y Roma y es teleocrático (existe una jerarquía de arriba hacia abajo en lugar de una “red”). Por otro lado, existe un “Poder del Mar”, o “civilización del mar”, que históricamente fue representada por Cartago y Atenas. El Poder Continental es heroico, conservador y espiritual.

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